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La eolípila, primera máquina de vapor de la Historia

La eolípila, primera máquina de vapor de la Historia


Un acontecimiento capital tiene lugar en la ciudad de Alejandría, provincia romana de Egipto, durante el siglo I. El protagonista es uno de los frecuentes genios de la época; es ingeniero, de nombre Herón (10 d.C.-70 d.C). Este físico premoderno, Herón de Alejandría, apodado 'El Mago', descubre la primera máquina de vapor de la Historia. Poco caso se le hace en su época, pero cambiará el curso de los tiempos.

La eolípila (también llamada aelópilo o aelópila) consta de una esfera hueca (también puede ser un cilindro) del que salen dos tubos curvos. Esta cámara está llena de agua y es sometida a calor. Lo que sucede lo sabemos todos hoy, pero en la época se observa por primera vez: el mecanismo comienza a girar y el agua se transforma en una materia gaseosa que busca salir al exterior a través de los tubos: ¡vapor! ¿Qué ha ocurrido? Uno de los principios básicos de la física: por cada acción debe haber una acción igual y opuesta. Lo dirá Newton… diecisiete siglos más tarde. En el caso de la eolípila, cuando el agua se dispara fuera de los agujeros, retorna a la caja de cartón con la misma fuerza. Se forma una turbina porque la energía del líquido en movimiento se convierte en energía de rotación.

Durante siglos, la primera máquina térmica creada por el hombre es mera anécdota. Apenas un juego infantil al que no se le hace demasiado caso: ¿para qué sirve ese trasto en realidad? Hasta que un buen día (la Historia nunca tiene prisa) se estudia científicamente la rudimentaria eolípila, y se presta más atención a Herón de Alejandría que, además de haber preconizado la mencionada ley de Isaac Newton, había generalizado el principio de la palanca de Arquímedes. Hubo que volver atrás en el tiempo y darle la razón: con sus descubrimientos y la tecnología de la antigua Grecia él podría haber construido el primer automóvil.

Quien rentabilizaría el invento sería James Watt, ingeniero mecánico y químico escocés, cuyo trabajo sobre la turbina de Giovanni Brance (que, diseñada en 1629, reinventaba la eolípila utilizando un chorro de vapor para impulsar el giro de una rueda de molino) devino en la novedosa máquina de vapor de agua. Esta resultaría fundamental en el desarrollo de la primera Revolución Industrial, tanto en Reino Unido como en el resto del mundo. La Humanidad estaba a punto de cambiar hacia un tipo de vida que iba a determinar radicalmente su evolución. E iba a hacerlo a partir de un invento casi infantil que llevaba ahí siglos. Corría el año 1763; aún faltaba casi medio siglo para la revolución del ferrocarril, que arranca en 1814 cuando George Stephenson comienza a utilizar como medio de locomoción la máquina de vapor.

Del mismo modo llegarían otros tantos ingenios derivados de aquel primer juguete de Herón: los motores de combustión, las turbinas, los cohetes…

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