Los temporales que han afectado a Galicia en las últimas semanas han vuelto a poner de manifiesto el papel esencial que desempeñan los embalses en la gestión del agua y en la protección de las personas y del territorio frente a episodios meteorológicos extremos.
Entre el 12 de enero y el 12 de febrero de 2026, los embalses gallegos gestionados por Naturgy incrementaron su volumen de agua almacenada en 494,7 hectómetros cúbicos, una cantidad extraordinaria que equivale a casi 200.000 piscinas olímpicas. Dicho de otro modo, cerca de 500 hm³ de agua que, sin estas infraestructuras, habrían circulado río abajo incrementando de forma notable el riesgo de inundaciones y daños materiales.
El contexto meteorológico ha sido especialmente exigente. Desde el pasado mes de noviembre ha llovido en Galicia más del 70 % de los días, con un mes de enero prácticamente sin tregua. Algunas estaciones meteorológicas han superado los 1.800 litros por metro cuadrado, una cifra equivalente a la precipitación media de todo un año concentrada en apenas unos meses.
Durante el paso de la borrasca Joseph, Galicia se situó además como uno de los puntos del planeta con mayores precipitaciones, registrándose casi 180 litros por metro cuadrado en solo 24 horas, lo que da una idea de la magnitud del episodio.
Casi 500 hm³ retenidos en los embalses gallegos
Los datos de explotación reflejan con claridad el efecto laminador de los embalses durante este periodo. En conjunto, el volumen embalsado pasó de 944,3 hm³ a 1.439 hm³ en apenas un mes. Destacan incrementos muy significativos en infraestructuras clave como:
- Belesar, con un aumento de casi 246 hm³
- Portodemouros, que retuvo 126,5 hm³ adicionales
- Albarellos, con más de 40 hm³
- As Conchas, con 30 hm³
- Salas, que incrementó su volumen en 22,5 hm³
Este almacenamiento masivo permitió laminar las avenidas, es decir, retener una parte muy importante de los caudales entrantes y liberar el agua de forma progresiva y controlada, evitando que los picos de crecida llegasen íntegros a los tramos bajos de los ríos y a las zonas habitadas.
La explotación de los embalses se rige por protocolos y normas de actuación muy estrictos. Estas normas, aprobadas por la Administración, son las que establecen umbrales de seguridad que obligan a liberar los caudales excedentarios, de manera controlada mediante los aliviaderos, con el fin de garantizar la seguridad de la presa y de todas las personas y bienes situados aguas abajo.
En primer lugar, prima siempre la seguridad de las infraestructuras y de las poblaciones aguas abajo, así como el cumplimiento de las obligaciones medioambientales. El aprovechamiento hidroeléctrico del agua se produce siempre dentro de estos márgenes y en función de las necesidades del sistema eléctrico.
En los meses previos a la época de lluvias, los embalses se gestionan generando resguardos de seguridad que permiten absorber episodios de precipitaciones intensas. Durante temporales aislados, esta capacidad de protección resulta especialmente eficaz. Sin embargo, en situaciones de borrascas encadenadas, como las vividas este invierno, los niveles pueden elevarse de forma progresiva y reducir ese margen.
Un papel clave en un clima cada vez más extremo
Los episodios recientes refuerzan el valor estratégico de los embalses en un contexto de fenómenos meteorológicos cada vez más intensos y frecuentes. Además de producir energía renovable, garantizar el abastecimiento a la población, apoyar al regadío o permitir el uso lúdico y turístico, estas infraestructuras actúan como un auténtico escudo hidráulico, reduciendo riesgos y aportando estabilidad al territorio
Los casi 500 hectómetros cúbicos retenidos en un solo mes son una prueba tangible de esa función silenciosa pero esencial que, durante los grandes temporales, marca la diferencia.
¿Cuánta agua es 494,7 hm³, el agua que retuvieron los embalses?
- El agua de casi 200.000 piscinas olímpicas llenas hasta el borde (una piscina olímpica ≈ 2.500 m³)
- El consumo doméstico de A Coruña, Lugo, Ourense y Pontevedra durante casi dos años.
- Equivale a más de 1.800 litros por metro cuadrado sobre una superficie similar a la de un gran municipio gallego como Santiago de Compostela
Ha caído la misma cantidad de lluvia que suele caer en todo un año… concentrada en apenas unos meses. Sin embalses, ese volumen habría circulado río abajo en pocos días, multiplicando el riesgo de inundaciones, daños materiales y afecciones a personas y actividades económicas.
Los embalses son un escudo frente a los temporales: retienen las crecidas, reducen los picos de caudal, liberan el agua de forma progresiva y segura
¿Quieres recibir nuestra newsletter? Suscríbete aquí.
