La transición energética no puede entenderse hoy sin una mirada más amplia que incorpore la protección de la naturaleza y la biodiversidad. En un contexto global marcado por la crisis climática, la pérdida de capital natural y los crecientes riesgos geopolíticos y sociales, el sector energético está llamado a desempeñar un papel clave no solo en la descarbonización de la economía, sino también en la construcción de un modelo de desarrollo más resiliente y justo.
Esta es una de las premisas de las que parte el documento ‘El capital natural y el sector español de la energía’, una iniciativa pionera impulsada por el Grupo de Trabajo sobre Capital Natural y Energía, que reúne a ocho grandes compañías del sector energético español, entre las que se encuentra Naturgy. Este informe es resultado de un proceso colaborativo que marca un antes y un después en la forma de integrar la naturaleza en la toma de decisiones empresariales.
De la sostenibilidad al capital natural: un cambio de paradigma
Durante años, la sostenibilidad ha estado vinculada principalmente a la reducción de impactos negativos. El enfoque de capital natural propone ir un paso más allá: reconocer la naturaleza como un activo estratégico que aporta valor a la economía y a la sociedad, al mismo nivel que el capital financiero, humano o social.
Incorporar esta visión permite entender mejor las dependencias que las empresas tienen de los ecosistemas —como el agua, el suelo o la regulación del clima— y también los impactos, tanto negativos como positivos, que generan sus actividades. Esta mirada integral resulta especialmente relevante para el sector energético, por su papel vertebrador de la economía y su capacidad para impulsar cambios a gran escala.
Uno de los elementos más destacados del documento es el valor de la colaboración. Desde 2018, compañías líderes del sector han trabajado de forma conjunta para desarrollar un marco común que facilite la integración del capital natural en sus procesos internos. Coordinado por entidades especializadas y alineado con estándares internacionales como el Protocolo del Capital Natural, este trabajo colectivo ha permitido armonizar conceptos, metodologías y criterios de análisis.
El resultado es una guía sectorial práctica, pensada no solo como una herramienta técnica, sino también como una fuente de inspiración para otras empresas y sectores que quieran avanzar en este camino. La experiencia demuestra que compartir conocimiento, incluso entre organizaciones competidoras, acelera el aprendizaje y refuerza la credibilidad de los resultados.
Para Nieves Cifuentes, responsable corporativa de Medio ambiente y Responsabilidad Social de Naturgy, «este ejercicio nos ha ayudado a mirar nuestra relación con la naturaleza de otra manera: no solo desde el impacto, sino desde la dependencia y la oportunidad. Es un primer paso fundamental para tomar mejores decisiones y avanzar hacia una transición energética verdaderamente sostenible».
Medir lo que importa para tomar mejores decisiones
Uno de los principales hitos del documento es el desarrollo de una matriz cualitativa de impactos y dependencias del capital natural del sector energético en España, elaborada por tecnologías y a escala sectorial. Este análisis ha permitido evaluar más de 80 servicios ecosistémicos asociados a las distintas actividades energéticas, desde la generación eléctrica hasta el transporte, la distribución o las infraestructuras gasistas.
El ejercicio pone de manifiesto que, junto a los impactos inherentes a la actividad industrial, existen también contribuciones positivas relevantes, especialmente en ámbitos como la regulación y mantenimiento de los ecosistemas, la protección frente a riesgos naturales o la mejora del conocimiento científico y ambiental. Identificar estos aspectos resulta clave para orientar inversiones, reforzar la resiliencia de los activos y anticipar riesgos físicos, regulatorios y financieros.
En un entorno normativo cada vez más exigente, con iniciativas internacionales como la Agenda 2030, el Acuerdo de París, el nuevo Marco Global de Biodiversidad o marcos emergentes como la TNFD subrayan la necesidad de que las empresas midan, gestionen y comuniquen sus impactos y dependencias sobre la naturaleza con mayor rigor y transparencia.
En este escenario, el enfoque de capital natural se consolida como una herramienta estratégica para responder a la doble materialidad, mejorar la calidad del reporte en sostenibilidad y fortalecer la confianza de inversores, reguladores y sociedad.
Mirando al futuro: de la reflexión a la acción
El documento presentado no es un punto final, sino un punto de partida. Las conclusiones del Grupo de Trabajo abren la puerta a nuevos desarrollos, estudios de caso y aplicaciones prácticas a escala organizativa. Integrar la naturaleza en la toma de decisiones no solo contribuye a su protección, sino que también refuerza la solidez y viabilidad de los modelos de negocio a largo plazo.
La transición energética será verdaderamente transformadora si avanza de la mano de una transición hacia una economía positiva para la naturaleza. El sector energético español ha demostrado, con esta iniciativa, que cuenta con el conocimiento, la capacidad y la voluntad para liderar este cambio.
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