Más allá de la energía: impulsar la conservación del camaleón común desde el territorio

La transición energética no solo implica avanzar hacia un modelo más descarbonizado y eficiente. También exige una relación más respetuosa y equilibrada con el entorno natural en el que se desarrollan las infraestructuras energéticas. En este contexto, la protección de la biodiversidad se ha convertido en un eje clave de nuestra estrategia ambiental.

Un ejemplo de ello es el Proyecto Camaleón, una iniciativa de conservación del camaleón común (Chamaeleo chamaeleon) que se desarrolla en el entorno de nuestra Central de Ciclo Combinado de Málaga, y que demuestra cómo la actividad industrial puede convivir —y colaborar activamente— con la preservación de especies sensibles y de alto valor ecológico.

Un proyecto para proteger una especie singular

El camaleón común es una especie protegida y emblemática del sur de la Península Ibérica, especialmente vulnerable a la pérdida de hábitat, la fragmentación del territorio y la presión humana. Consciente de esta realidad, el Proyecto Camaleón nació con el objetivo de favorecer la conservación de la especie en un entorno próximo a instalaciones energéticas, combinando rigor científico, colaboración institucional y acciones de seguimiento a largo plazo.

El proyecto incluye actuaciones como la mejora del hábitat, el seguimiento de ejemplares y la divulgación de los resultados para sensibilizar sobre la importancia de proteger la fauna local. Todo ello se desarrolla en colaboración con entidades especializadas y con el apoyo de las administraciones públicas y el ámbito académico, garantizando un enfoque técnico y contrastado.

Energía, territorio y compromiso ambiental

El Proyecto Camaleón se enmarca en una visión más amplia: desarrollar la actividad energética de forma compatible con la protección del entorno, integrando criterios ambientales desde el diseño hasta la operación de sus instalaciones.

La experiencia en Málaga pone de manifiesto que es posible avanzar en la producción de energía al tiempo que se generan impactos positivos en el territorio, contribuyendo a la conservación de la biodiversidad y al conocimiento científico local. Una manera concreta de demostrar que la transición energética también se construye desde el respeto a la naturaleza.

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