Gobernar la transformación: las decisiones que definirán el futuro de la energía

La transformación del sistema energético suele explicarse a través de las tecnologías que la hacen posible. Hablamos de nuevas fuentes de generación, infraestructuras más avanzadas o soluciones cada vez más eficientes. Pero detrás de todos estos cambios existe otra dimensión menos visible y, sin embargo, decisiva: la manera en que acordamos las reglas, movilizamos las inversiones y coordinamos a los diferentes actores.

El futuro de la energía no depende únicamente de nuestra capacidad para innovar. También requiere instituciones preparadas, marcos regulatorios adecuados y una visión compartida que permita responder a un escenario internacional cada vez más complejo.

Esta fue una de las principales reflexiones del encuentro organizado por EsadeGeo y Fundación Naturgy en Esade Madrid, dedicado a analizar los desafíos actuales de la gobernanza de los sistemas y las infraestructuras energéticas. La jornada reunió a especialistas con experiencia en Europa, América Latina y otros mercados para contrastar prioridades, modelos regulatorios y condiciones de inversión.

Una transformación que va más allá de la tecnología

La evolución de la energía está estrechamente relacionada con las decisiones económicas, empresariales y regulatorias que adoptamos. También con nuestros hábitos de consumo y con un contexto geopolítico que influye cada vez más en los mercados y en la seguridad del suministro.

Durante la apertura del encuentro, Michele Quintano, director de Esade Executive Education, destacó precisamente la necesidad de entender la transición energética como una transformación amplia, que no se limita al ámbito tecnológico y que alcanza al conjunto de la economía y la sociedad.

Esta mirada integral resulta especialmente relevante en un escenario marcado por la interdependencia entre países, la evolución de los mercados y el desarrollo de nuevos vectores energéticos. Las decisiones adoptadas en un territorio pueden producir efectos más allá de sus fronteras, lo que hace necesario reforzar el diálogo y la coordinación entre gobiernos, reguladores, empresas y organizaciones especializadas.

Gobernar la transformación energética significa, por tanto, crear las condiciones para que la innovación pueda avanzar, las inversiones encuentren horizontes claros y las infraestructuras evolucionen de acuerdo con las nuevas necesidades del sistema.

Regulación e inversión: dos elementos que deben avanzar juntos

Las infraestructuras energéticas necesitan anticiparse a los cambios. Deben estar preparadas para atender el crecimiento de la demanda, incorporar nuevas fuentes de energía y contribuir a la seguridad del suministro. Para conseguirlo, resulta esencial disponer de una regulación predecible que ofrezca estabilidad a los inversores y, al mismo tiempo, pueda adaptarse a condiciones cambiantes.

Esta fue una de las cuestiones señaladas por María Eugenia Coronado, directora general de Fundación Naturgy, durante el encuentro. La regulación debe ofrecer certidumbre para favorecer la inversión, pero también contar con la flexibilidad necesaria para responder a la rápida evolución del sector y de su entorno.

El equilibrio no siempre es sencillo. Un marco estable facilita la planificación a largo plazo, pero la transformación energética exige también capacidad de reacción ante nuevas tecnologías, cambios en la demanda o circunstancias internacionales imprevistas. Por ello, la calidad regulatoria no depende solo de establecer objetivos, sino de generar confianza y facilitar que las decisiones puedan convertirse en inversiones y proyectos concretos.

Distintas regiones, desafíos compartidos

El encuentro permitió observar la transformación energética desde diferentes perspectivas regionales. El debate, moderado por Juan Moscoso del Prado, senior fellow de EsadeGeo, reunió a María Sicilia, directora de Sistemas y Mercados Eléctricos de la Agencia Internacional de la Energía; Alberto Pototschnig, director adjunto de Florence School of Regulation; y Fernando Cubillos, experto en mercados eléctricos y financiación de infraestructuras y energía en América Latina.

Europa y América Latina parten de situaciones diferentes, pero comparten la necesidad de adaptar sus infraestructuras, mejorar sus marcos regulatorios y crear condiciones que favorezcan la inversión.

En Europa, durante la jornada se identificaron retos como la necesidad de inversión en las redes de distribución, la definición de un horizonte para las energías renovables y la búsqueda de respuestas eficaces para avanzar en la descarbonización.

América Latina, por su parte, cuenta con una de las matrices de generación más limpias del mundo y dispone de condiciones competitivas para impulsar inversiones renovables. Sin embargo, también afronta desafíos relacionados con la capacidad de sus redes, la seguridad del suministro ante fenómenos climáticos, la integración regional y los marcos regulatorios.

Comparar estas realidades nos permite comprender que no existe una única respuesta válida para todos los mercados. Cada región debe construir su propio camino, atendiendo a sus recursos, necesidades y circunstancias. Al mismo tiempo, el intercambio de conocimientos y buenas prácticas puede ayudarnos a reconocer problemas comunes y aprovechar las experiencias desarrolladas en otros territorios.

La energía del futuro se construirá con innovación e infraestructuras, pero también con conocimiento, colaboración y reglas capaces de acompañar el cambio. Gobernar bien esa transformación será una de las mejores formas de convertir los desafíos del presente en oportunidades compartidas para el futuro.

 

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