La transición energética no se limita a desplegar infraestructuras renovables. También implica asumir una responsabilidad activa sobre el entorno en el que éstas se integran y avanzar hacia un modelo en el que la producción de energía limpia vaya de la mano de la conservación del capital natural. La experiencia de la Reserva de Aldeacentenera – Torrecillas de la Tiesa, en Extremadura, es un buen ejemplo de cómo es posible compatibilizar ambos objetivos.
Esta reserva, vinculada a la implantación de instalaciones fotovoltaicas en la región, se concibe como una medida de gestión ambiental orientada a la conservación de aves esteparias, uno de los grupos de fauna más amenazados de Europa. El proyecto se desarrolla gracias a la colaboración entre Naturgy e Iberdrola, propietarias de los terrenos y promotoras de las instalaciones renovables, y las entidades especializadas BIOPOLIS–CIBIO y Fundación Ecoánime, responsables de la gestión de la reserva y del seguimiento científico. Este enfoque permite evaluar, con datos, el impacto real de las actuaciones y extraer aprendizajes clave para el desarrollo responsable de proyectos renovables.
Un enfoque basado en ciencia y gestión adaptativa
El proyecto se apoya en un plan de seguimiento diseñado para un periodo de tres años, con evaluaciones anuales que permiten ajustar las medidas de gestión en función de los resultados observados. La reserva se gestiona mediante prácticas agrícolas compatibles con la biodiversidad —barbechos, cultivos extensivos y rastrojos— que recrean un mosaico de hábitats esenciales para especies como la avutarda o el sisón. Este enfoque demuestra que la agricultura y la conservación pueden ser aliadas cuando se planifican desde una visión de largo plazo y con criterios técnicos sólidos.
Durante el primer año de monitorización, entre enero y octubre de 2025, se ha analizado de forma exhaustiva la evolución de los hábitats, la comunidad de aves, la disponibilidad trófica y el uso de elementos clave del paisaje, como las charcas o los tendidos eléctricos.
Los datos del primer año de seguimiento muestran que las áreas gestionadas han proporcionado un hábitat adecuado para la comunidad de aves esteparias y, de forma destacada, para las especies prioritarias. Se ha confirmado la reproducción de la avutarda y la presencia regular de sisón en la reserva, con registros superiores a los conocidos previamente en la zona.
Además, la creación excepcional de una parcela de rastrojo, como respuesta a un crecimiento anómalo de la vegetación debido a una elevada pluviosidad, ha resultado clave para mantener la presencia de estas especies durante el periodo no reproductor. Este tipo de actuaciones pone de relieve la importancia de la gestión adaptativa y de la capacidad de reacción ante escenarios climáticos cambiantes.
La monitorización ha identificado también el papel esencial de otros elementos del ecosistema. Las charcas de la reserva se han consolidado como puntos estratégicos para aves y mamíferos en los meses más secos, y la disponibilidad de insectos se confirma como un factor determinante para el éxito de las especies esteparias.
Renovables y biodiversidad: una relación posible y necesaria
Uno de los aprendizajes más relevantes de este proyecto es que la implantación de energías renovables no tiene por qué ser incompatible con la conservación de la biodiversidad. Al contrario: cuando se acompaña de medidas bien diseñadas y monitorizadas, puede convertirse en una oportunidad para mejorar el estado de conservación de hábitats de alto valor ecológico.
La Reserva de Aldeacentenera – Torrecillas de la Tiesa demuestra que integrar el capital natural en la planificación de proyectos energéticos no es solo una cuestión ambiental, sino también estratégica. Aporta legitimidad social, reduce riesgos a largo plazo y contribuye a una transición energética más equilibrada y resiliente.
Mirar al futuro con una visión integral
Los resultados de este primer informe de seguimiento ofrecen una base sólida para seguir avanzando. La continuidad del proyecto permitirá afinar las medidas de gestión y profundizar en el conocimiento de las interacciones entre biodiversidad, clima y uso del suelo, reforzando un modelo de colaboración estable entre el ámbito científico, las entidades gestoras y las empresas energéticas implicadas.
En un contexto de transformación del sistema energético, iniciativas como esta subrayan la necesidad de mirar más allá de la generación de energía y situar la protección del capital natural en el centro de la transición, con el objetivo de construir un modelo energético verdaderamente sostenible, capaz de generar valor económico, social y ambiental al mismo tiempo
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