El Museo Bolarque, que estuvo cerrado durante los años posteriores a la pandemia, reabrió sus puertas al público el año pasado, integrándose de nuevo en nuestra oferta divulgativa para acercar la evolución de la energía a toda la sociedad. Ubicado en el Salto de Bolarque, en Almonacid de Zorita (Guadalajara), el museo se emplaza en un entorno singular —a los pies de la sierra de Altomira, donde confluyen los ríos Tajo y Guadiela— y forma parte de la histórica Central Hidroeléctrica de Bolarque, un conjunto reconocido por su eficiencia y por el valor de su patrimonio industrial y tecnológico.
Un relato vivo del patrimonio energético
Inaugurado en 1977 y renovado en 2017, el Museo Bolarque conserva y exhibe más de 1.000 piezas entre maquinaria, documentación original, mobiliario de época y un fondo fotográfico que documenta la construcción y la vida de la central. Es, en definitiva, un archivo tangible de cómo la electricidad y el gas transformaron nuestra vida cotidiana y el desarrollo industrial del país. Desde su remodelación, el museo ha recibido más de 21.000 visitantes, consolidándose como un espacio de referencia para la divulgación tecnológica e histórica.
El recorrido del visitante está pensado para explicar las distintas fuentes de energía y el uso responsable de los recursos, pero también para contar los hitos que marcan el desarrollo del sistema energético español. En este viaje, Bolarque permite entender la irrupción de la electricidad en los hogares y la industria, el papel del gas en la modernización de ciudades y servicios, y la progresiva incorporación de tecnologías que han impulsado la transición hacia fuentes renovables.
Donde empezó a latir la primera gran renovable
La ubicación del museo en una instalación hidroeléctrica no es casual: la hidráulica fue una de las primeras energías renovables que impulsó la electrificación en España. Visitar Bolarque es comprender, sobre el terreno, cómo se generaba esa energía, qué innovaciones la hicieron posible y de qué manera se integró en el territorio; es reconocer en sus piezas —turbinas, cuadros, instrumentación— el esqueleto técnico de un sistema que ha evolucionado sin perder de vista la seguridad, la eficiencia y el respeto por el entorno.
Ese diálogo entre patrimonio industrial y innovación convierte al museo en un aula abierta: estudiantes, familias y profesionales encuentran un contexto didáctico para interpretar el pasado y, al mismo tiempo, entender los desafíos presentes —desde la descarbonización a la gestión responsable de la demanda— con una perspectiva histórica que aporta rigor y sentido.
Un recurso educativo para hoy y para las próximas generaciones
Con su reapertura, reafirmamos nuestro compromiso con la preservación y la difusión del legado energético. El museo se integra en la programación educativa y divulgativa de la compañía, con vocación de acercar la historia de la energía y el medio ambiente a escolares y público general, y con un calendario estable de apertura anual entre marzo y octubre, lo que facilita la planificación de visitas formativas y actividades didácticas.
Más allá del valor expositivo, Bolarque es una herramienta de comprensión: ayuda a explicar por qué la infraestructura energética es estratégica, cómo se ha construido a lo largo de décadas y de qué manera esa experiencia acumulada respalda las decisiones que hoy aceleran la transición energética. Visitar el Museo Bolarque es, en suma, mirar el futuro con conocimiento de causa.
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