La descarbonización del transporte ya no es un reto a largo plazo: es una decisión que se está tomando ahora. Y en ese camino, los gases renovables —y en especial el biometano— están ganando un papel protagonista como soluciones reales, disponibles y competitivas.
Esta es una de las principales conclusiones del Observatorio para la descarbonización del transporte, elaborado por PwC y presentado en el Green Gas Mobility Summit celebrado en Madrid. El informe señala que alcanzar los objetivos climáticos fijados para 2040 dependerá, en gran medida, de las decisiones que se adopten en esta década, entre 2025 y 2030, debido al tiempo que requieren las infraestructuras y proyectos industriales para desarrollarse. En este contexto, avanzar hacia un modelo multitecnológico, capaz de combinar electrificación, hidrógeno y gases renovables, resulta clave para responder a las necesidades de todos los segmentos del transporte.
Entre estas soluciones, el biometano destaca no solo por su potencial, sino por su capacidad de actuar desde hoy. Según el estudio, España necesitará alcanzar cerca de 278 plantas de producción de biometano en 2040 para contribuir al cumplimiento de los objetivos climáticos en el transporte. Este despliegue permitiría consolidar un ecosistema energético más diversificado, apoyado en nuevas cadenas de suministro y en una mayor capacidad industrial.
Pero más allá de su proyección futura, el biometano ya forma parte del presente. Tal y como subraya Ana Cano, presidenta de Gasnam, este gas renovable está siendo incorporado por un número creciente de operadores de transporte de larga distancia, apoyados en una red de estaciones de repostaje en expansión en toda la Península. La clave es que hablamos de una tecnología madura: los vehículos ya están disponibles, la infraestructura avanza y la demanda crece.
Nuestra visión se refuerza con una idea clara: el biometano es hoy el biocombustible avanzado más competitivo para reducir emisiones en el transporte. Como explica José Luis Gil, director general de Gases Renovables de la compañía, los vehículos que utilizan gas ya permiten reducir significativamente las emisiones frente a los combustibles tradicionales, y cuando emplean biometano pueden alcanzar la neutralidad en carbono. Sin embargo, el foco ya no está solo en demostrar su ventaja actual, sino en garantizar su desarrollo sostenido en los próximos años. “El reto no es demostrar la ventaja del biometano hoy, sino sostenerla en la próxima década”, señala.
Para lograrlo, el sector coincide en la necesidad de acelerar el ritmo de despliegue. El informe apunta a la importancia de reforzar las inversiones en infraestructuras, impulsar la capacidad industrial y facilitar la adaptación de las flotas. A ello se suma otro factor clave: la agilización de los procesos administrativos. La tramitación de nuevas plantas, si se alarga en el tiempo, puede convertirse en un freno para un mercado que ya ha demostrado estar preparado para seguir creciendo.
La transición energética en el transporte no responde a una única solución, sino a la combinación inteligente de todas ellas. En ese equilibrio, el biometano aporta una ventaja diferencial: permite actuar desde hoy, aprovechando infraestructuras existentes y ofreciendo una alternativa viable para sectores difíciles de electrificar, como el transporte pesado por carretera o el marítimo.
En definitiva, el desafío no es solo tecnológico, sino estratégico. España cuenta con los recursos, la ambición y la oportunidad para situarse como referente en movilidad sostenible. Aprovecharla dependerá, en gran medida, de la capacidad de acelerar decisiones y de consolidar un marco que favorezca el desarrollo de soluciones como el biometano, que ya están contribuyendo a avanzar hacia un modelo energético más limpio, eficiente y cercano a las personas.
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