El gas, aliado de la transición energética

La transición energética vive un momento decisivo. En un contexto marcado por la volatilidad geopolítica, la urgencia climática y el reto de mantener la competitividad industrial, el debate ya no gira únicamente en torno a los objetivos, sino en torno a cómo alcanzarlos de forma equilibrada y realista.

En este escenario, la 52ª Reunión Anual de Sedigas, celebrada en Madrid, se ha consolidado como uno de los principales foros de reflexión del sector energético en España y Europa, reuniendo a empresas, reguladores e instituciones para analizar el papel de las infraestructuras gasistas en el futuro energético.

Durante su intervención, el presidente de Naturgy, Francisco Reynés, ha lanzado un mensaje claro: el gas debe dejar de percibirse como parte del problema y comenzar a entenderse como parte de la solución.

Cambiar el relato: del gas como emisor al gas como solución

Uno de los ejes centrales de su intervención ha sido la necesidad de impulsar un cambio en la narrativa energética. Reynés ha defendido que el gas puede desempeñar un papel decisivo en la descarbonización, especialmente a través del desarrollo de los gases renovables.

“Dejemos de asociar el gas con las emisiones y empecemos a asociarlo como una solución también a la descarbonización”, ha señalado, poniendo el foco en alternativas como el biometano o el hidrógeno verde.

Este enfoque conecta con una visión cada vez más compartida en Europa: la descarbonización no pasa únicamente por la electrificación, sino por un mix de soluciones tecnológicas capaces de adaptarse a las distintas necesidades del sistema energético.

El trilema energético: una ecuación posible

Reynés ha insistido en que el sector gasista puede contribuir de forma equilibrada a resolver el denominado trilema energético: garantizar seguridad de suministro, sostenibilidad y precios asequibles.

Lejos de ser un obstáculo, el gas —apoyado en la tecnología y en la progresiva incorporación de gases renovables— permite avanzar simultáneamente en estos tres objetivos. “El trilema energético y el sector gasista son compatibles”, ha afirmado.

Un planteamiento especialmente relevante en el contexto actual, donde la seguridad energética ha vuelto al centro del debate europeo.

Autonomía estratégica y aprovechamiento de recursos locales

Otro de los mensajes clave ha sido el vínculo entre el desarrollo del gas y la autonomía energética. En un entorno internacional incierto, el aprovechamiento de recursos cercanos se presenta como una ventaja estratégica.

“Todo lo que podamos avanzar para poder utilizar los recursos próximos frente a los lejanos, nos da más autonomía y más seguridad”, ha destacado Reynés.

De esta manera, los gases renovables —producidos a partir de residuos orgánicos o fuentes locales— se posicionan como una oportunidad para reducir la dependencia exterior y fortalecer el sistema energético nacional.

España está acelerando su desarrollo en este ámbito, con iniciativas regulatorias que impulsan la integración progresiva del biometano en el sistema gasista y fomentan su producción nacional.

Durante el desarrollo de este mismo foro, el secretario de Estado de Energía, Joan Groizard, proponía incorporar el biometano en las ventas de gas natural hasta alcanzar el 6% en 2035.

Mirando al futuro: acelerar la transición con soluciones reales

La intervención de nuestro presidente deja un mensaje claro: la transición energética no puede abordarse desde planteamientos simplistas ni excluyentes, sino desde una visión integradora que combine tecnologías, infraestructuras y políticas públicas.

En este camino, el gas —y especialmente los gases renovables— se consolida como una palanca clave para avanzar de forma realista hacia la descarbonización, apoyándose en activos ya existentes, reforzando la seguridad de suministro y contribuyendo a la competitividad del tejido industrial.

El reto ahora es acelerar su desarrollo. Y, para ello, será imprescindible seguir generando las condiciones adecuadas: inversión, innovación y un marco regulatorio estable que permita transformar la ambición en ejecución.

Porque la transición energética no se medirá solo por los objetivos que se definan, sino por la capacidad de convertirlos en realidad. Y en ese proceso, el gas está llamado a desempeñar un papel protagonista.

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