La resiliencia climática, el nuevo reto de las redes eléctricas

La transición energética avanza apoyada en una idea cada vez más clara: un futuro más electrificado necesita redes eléctricas más robustas, inteligentes y preparadas para hacer frente a un entorno climático cada vez más exigente.

Este fue uno de los principales mensajes trasladados durante la presentación del informe «Diagnóstico y análisis de los impactos climáticos en la red eléctrica«, elaborado por el grupo de trabajo de Riesgos Climáticos de FutuRed, la Plataforma Tecnológica Española de Redes Eléctricas Inteligentes. El documento, en cuya elaboración ha participado UFD, analiza cómo fenómenos como las inundaciones, las olas de calor, los incendios forestales o los episodios de viento extremo están aumentando su impacto sobre las infraestructuras eléctricas y plantea recomendaciones para reforzar su capacidad de adaptación.

Tecnología al servicio de la resiliencia

Durante la jornada, celebrada en la sede de la Oficina Española de Cambio Climático, Mónica Puente, directora de Redes Electricidad España de Naturgy y presidenta de FutuRed, destacó que la electrificación se está consolidando como uno de los grandes pilares de la transición energética. En este contexto, señaló que las redes deben evolucionar para garantizar que pueden seguir prestando un servicio esencial incluso en escenarios climáticos cada vez más complejos.

La resiliencia, explicó, debe entenderse no solo como la capacidad de resistir y recuperarse ante fenómenos extremos, sino también como una oportunidad para impulsar la modernización de las infraestructuras. La incorporación de nuevas capacidades digitales permite anticipar riesgos, mejorar la toma de decisiones y optimizar la respuesta ante situaciones adversas.

La digitalización está desempeñando un papel fundamental en esta transformación. Tecnologías como la sensorización de activos, la automatización de las redes, la inteligencia artificial o los gemelos digitales permiten conocer mejor el estado de las infraestructuras, prever incidencias y actuar con mayor rapidez y eficacia.

Pero la adaptación al cambio climático requiere ir más allá de la tecnología. También implica reforzar físicamente las redes mediante nuevas inversiones, adaptar instalaciones vulnerables, incrementar la automatización o desarrollar soluciones que aumenten la capacidad de recuperación del sistema ante eventos extremos.

En este sentido, el reciente Real Decreto 640/2026 supone un paso relevante al facilitar mayores inversiones en las redes de transporte y distribución e incorporar actuaciones específicas orientadas a mejorar su resiliencia frente a fenómenos naturales adversos.

Del diagnóstico a la anticipación

La importancia de avanzar hacia una gestión anticipativa del riesgo climático fue otro de los temas centrales del encuentro. Mariano Gaudó, de la Unidad de Innovación del Sistema de Distribución de UFD y miembro del grupo de trabajo que ha elaborado el informe, defendió la necesidad de apoyarse en herramientas de analítica avanzada y capacidades digitales para identificar riesgos antes de que se materialicen y mejorar tanto la planificación como la respuesta operativa.

Este enfoque preventivo fue compartido por representantes de la Administración, organismos especializados y empresas del sector, quienes coincidieron en que invertir en resiliencia antes de que se produzcan los eventos adversos resulta más eficiente que asumir posteriormente sus consecuencias económicas y sociales.

El informe pone de manifiesto que la adaptación de las redes eléctricas al cambio climático es un reto que requiere la colaboración de administraciones, operadores de red, centros tecnológicos y empresas. Compartir conocimiento, metodologías y experiencias será clave para acelerar la transformación de unas infraestructuras que están llamadas a desempeñar un papel decisivo en la descarbonización de la economía.

Porque la transición energética no solo exige más electricidad. También necesita redes más inteligentes, más flexibles y más resilientes, capaces de garantizar la seguridad de suministro en un entorno marcado por los efectos del cambio climático.

 

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